lunes, 19 de marzo de 2012

ANGELICALES SEÑORITAS.

Angelicales señoritas

que de angelicales, nada tenían.

De inocencia más

bien eran disminuidas.


A los santos rezaban noche y día.

Sus plegarias al cielo elevaban,

convencidas de que cuanto

a sus fieles imágenes pedían,

se les concedía.


Con ellas aprendimos

a guardarnos de los hombres.

Con ellas entramos en picardías,

ya que sus constantes advertencias

estaban llenas de lindezas atrevidas:

-Los hombres son muy guarros,

y unos mirones descarados,

que de las niñas copian

lo más preciado de las mayores;

por eso las niñas han de esconderse

de esos cochinos desvergonzados.

Con los niños no debéis de jugar,

pues las niñas honestas,

de los rezos sólo deben gozar.


Como niñas hacendosas,

a las mamás tenéis que ayudar,

y las conversaciones de los mayores

no debéis nunca escuchar.


Veladamente descubrimos

dónde está la maldad.

Aprendimos a escuchar a escondidas

mientras esperábamos que recogiesen

la ropa tendida.

¡Por cierto! Aquella colada,

nunca se acababa de secar.


Luisa Lestón Celorio

Leído en la Facultad de Filología- Oviedo

Registrado

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