Su jaula era de oro,
con cerrojos de brillantes,
mas ella cuente no se daba.
Su ceguera de amor
no le dejaba ver
que a pesar de ser de oro
seguía siendo una jaula.
Se sentía tan alagada
por el hombre que decía amarla
que su falta de libertad no estimaba.
Nadie sabía que su fortuna se le quebraba.
Su jaula de oro, de alambre se tornaba,
porque el hermoso marido
bajo siete llaves la aprisionaba.
Su jaula de oro se torno en sufrimientos,
silencios doloridos, apagados suspiros,
mirada perdida, triste sonrisa,
gesto herido, palabra silenciada:
ya no se oían sus trinos.
Luisa Lestón Celorio
Leído en la Facultad de Filología- Oviedo
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