De amores solo mueren las mujeres.
Unas están muertas en vida
por un amor eterno
que de libertad las priva.
A otras su amor eterno las mata
porque vivir lleno de ira.
Hay quien mata con crueldad
a la vista de todos.
Hay quien mata con disimulo
inundando el corazón de su presa,
llevándola a una muerte segura
sin que los demás se den cuenta.
¿Cómo gritar: ¡Socorro!,
si el asesino no deja huella?
¿Cómo decir: ¡Me está matando!;
si el agresor parece que es
una persona perfecta?
Luisa Lestón Celorio
Leído en la Facultad de Filología- Oviedo
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