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(Miguel Hernández)
Y yo me pregunto Poeta de penosas sombras:
¿Hoy hablaríamos de tu lloroso poema
si no fuese por la valiente mujer
que supo
llenarte de gloria?
Dolida esposa
que sació
su hambre con la humilde cebolla
que fuerzas le
daba para amamantar
a la criatura
que dormitaba
en sencilla
cuna de mimbre
y jergón de
paja.
Cuna donde su madre le mecía
mientras con
gran tristeza le susurraba
nanas que a
cultas con tu humilde lápiz
sobre el papel derramabas,
nanas perfumadas con lastimeras lagrimas,
nanas teñidas
de sangre por tus venas derramada.
Nanas con sabor a cebolla que capa sobre capa
iba vertiendo dulzura amarga,
dulzura sí, ya
que de almíbares estaba colmada,
pero antes de ofrecer su dulzor
le hacía derramar amargas lágrimas.
Nanas con ojos llorosos
que disimulaba el dolor
de herida tan amarga tras la acidez que se evaporaba
y no solo a causa de la dorada hortaliza,
que también por
la celda que encerraba
al ser que
tanto amaba.
Poeta en soledad,
poeta en espera de que se cumpliese su pena,
jamás habría pensado
que sus versos un día fuesen declamados,
que sus sufridas letras hoy fuesen un gran legado
a pesar de los
avatares que sufrieron
para ser publicados.
Le llevaron al paredón para acallar su voz
mas no lo han logrado
porque sus letras del papel han bolado
por cimas y
valles, ríos y mares
bibliotecas y hogares
que reconocen su valentía
a pesar de sus
pesares.
Miguel Hernández, poeta del campo
que no ha
precisado coronarse de glorias,
ni de diplomas colgados
para llegar al pueblo con su sencillo verbo,
y para hacer temblar a quienes
por temer su voz le han condenado.
Grandeza de corazón le ha sobrado
para ser el poeta del ayer,
del hoy y el mañana
ya que se le aclama por ser el poeta
que denunciaba, con sólo un arma:
palabras salidas del alma.
Y yo me pregunto:
¿Si de la crueldad no hubiese sido presa,
la voz de un pastor de sabiduría bien dotado
sería hoy recordado?
A mi misma me respondo:
Hubiese sido una gran perdida
el no haber conocido
al Maestro de
las sencillas letras.
20 de octubre de 2013
Autora: Luisa Lestón Celorio.
Asturias- España

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