PORQUE
ESTOY VIVA, SIENTO
Siento,
y siento porque siento.
Siento
que ya en la decadencia otoñal he entrado.
Siento
mi cuerpo menos alborozado,
y
que mis recuerdos se hacen menos amargos,
porque
sólo con lo bueno me he quedado.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
que la belleza no es perpetua.
Siento
cómo mi cuerpo se desnuda
de
una piel repleta de tersura,
de
ornamentos regalados por la juventud
que
más pronto que tarde se disipa
dejando
tras de sí tremendas fisuras.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
cómo los colores refulgentes
se
trasforman en amarillos apagados,
en
rojos sosegados,
en verdes mortecinos
y
en ocres que su belleza resaltan.
Siento,
y siento porque siento.
Siento,
que a pesar de sus declives,
los
percibo bellos y serenos,
porque
de la vida
mi
corazón está enamorado.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
la frialdad del otoño,
la
lluvia que me empapa,
el
viento azotar las ramas,
y
la tempestad que agita mi alma.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
que la luz se vuelve tenue,
que
los días se acortan,
que
estoy indefensa
ante
el tiempo que se me agota.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
cercano el invierno
que
me encontrará desnuda
ante
los duros elementos
que
me azotarán de forma dura.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
que no podré cubrirme
con
nuevas vestiduras,
pues
la primavera está lejana
para
volver a vestirme
con
nuevas ramas.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
que tras los cristales me protejo
mientras
contemplo la chimenea
donde
las esbeltas llamas danzan,
y
me dejo acariciar
por
el calor que de ellas se escapa.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
la dulzura de esas llamas,
que
como siluetas femeninas,
la
danza del velo bailan.
Siento
cómo se entretienen
con
sus jugueteos
iluminando
mi silenciosa estancia.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
las caricias de mi madre,
los
besos que mi amado me regala,
la
ternura de mi niña, sus risas y abrazos
llenos
de bondad franca.
Siento
los olores de mi infancia,
las
aventuras de juventud vividas
y
las muchas soñadas.
Siento,
y siento porque siento.
Siento,
a pesar de este difuso letargo.
Siento,
a pesar de mi cuerpo magullado.
Siento,
porque estoy viva.
Siento,
porque mi fe no deja
que
las emociones hagan en mí estragos.
Siento,
y siento porque siento.
Siento
la esperanza
de
volver a sentir
las
mismas sensaciones
en
el venidero otoño,
que
tras desafiar las dificultades
como
premio me llegará
regalado
de la mano
de
la Santa Providencia
en
la que siempre he confiado.
Por
eso siento y siento.
Porque
estoy viva, siento.
Luisa
Lestón Celorio.
1-11-
2011
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