POETA DEL SILENCIO
Guardaba
silencio mientras le contemplaba
con
su mirada perdida en el abismo,
o
quizás en ese futuro que nada tiene de incierto,
pues
más pronto que tarde
todos
recorremos el mismo camino.
En
su semblante, sereno por los años,
se
aloja una tez surcada de profundas cicatrices
trabajadas
por frugales alegrías
y
profundos sinsabores.
Cada
arruga es como un verso bien estructurado.
Su
mirada como un poema lleno de armoniosos sentidos.
Sus
labios temblorosos, con sus comisuras rasgadas,
denotan
las muchas palabras silenciadas.
Todo
su ser es como sonetos velados,
pues
si levantase su voz para declamarlos
serían
más tristes que alegres
los
que saliesen de su corazón magullado.
Por
esa razón se ha vuelto poeta del silencio,
y
quien desee de su boca escucharlos
se
irá con su mutismo como regalo.
Seguí
en silencio examinado aquella estancia
llena
de recuerdos del pasado.
Reparé
en el retrato que pendía de la pared,
que
tantas veces había mirado,
sin
pararme a observarlo.
Allí
estaba ella, poeta del silencio,
con
su fino rostro sin rugosidades
ni
reflejos de pesares,
lozana,
deslumbrante,
dichosa
y elegante,
con
su mirada llena de vida
y
amplia sonrisa en el semblante.
Poeta
del silencio,
que
por no hallar palabras
que
describan sus emociones,
guarda
en su corazón sus sentimientos
antes
llenos de ilusiones de enamorada
y
henchidos de inocencia
que
el tiempo se ocupó de robarle.
Hoy con su mirada perdida,
quizás sólo ella sabe
lo que encuentra allí donde la encauza,
ya que de sus ojos
brotan radiantes lágrimas,
lágrimas que como un manantial
por sus mejillas con delicadeza se derraman
buscando desahogar el amargor
que en ellas se guarda.
Poeta
del silencio,
que
con armonioso mutismo
tus
poemas llenos de sabiduría declamas,
seguro
que en tu alma
se
hilvanan las últimas estrofas
de
un bello poema
que
revive recuerdos
de
joven madre
y
esposa enamorada.
Luisa
Lestón Celorio
30
- 1 - 2012 -
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