sábado, 22 de septiembre de 2012



POETA DEL SILENCIO

Guardaba silencio mientras le contemplaba
con su mirada perdida en el abismo,
o quizás en ese futuro que nada tiene de incierto,
pues más pronto que tarde
todos recorremos el mismo camino.

En su semblante,  sereno por los años,
se aloja una tez surcada de profundas cicatrices
trabajadas por frugales  alegrías
y profundos  sinsabores.

Cada arruga es como un verso bien estructurado.
Su mirada como un poema lleno de armoniosos sentidos.
Sus labios temblorosos, con sus comisuras rasgadas,
denotan las muchas palabras silenciadas.

Todo su ser es como sonetos velados,
pues si levantase su voz para declamarlos
serían más tristes que alegres 
los que saliesen de su corazón magullado.

Por esa razón se ha vuelto poeta del silencio,
y quien desee de su boca escucharlos
se irá con su mutismo como regalo.

Seguí en silencio examinado aquella estancia
llena de recuerdos del  pasado.
Reparé en el retrato que pendía de la pared,
que tantas veces había mirado,
sin pararme a observarlo.

Allí estaba ella, poeta del silencio,
con su fino rostro sin rugosidades
ni reflejos de pesares,
lozana, deslumbrante,
dichosa y elegante,
con su mirada llena de vida
y amplia sonrisa en el semblante.

Poeta del silencio,
que por no hallar palabras
que describan sus emociones,
guarda en su corazón sus sentimientos
antes llenos de ilusiones de enamorada
y henchidos de inocencia
que el tiempo se ocupó de robarle.

Hoy con su mirada perdida,
quizás sólo ella sabe
lo que encuentra allí donde la encauza,
ya que de sus ojos
brotan radiantes lágrimas,
lágrimas que como un manantial
por sus mejillas con delicadeza se derraman
buscando desahogar el amargor
que en ellas se guarda.

Poeta del silencio,
que con armonioso mutismo
tus poemas llenos de sabiduría declamas,
seguro que en tu alma
se hilvanan las últimas estrofas
de un bello poema
que revive recuerdos
de joven madre
y esposa enamorada.


Luisa Lestón Celorio
30 - 1 - 2012 -



 

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