sábado, 22 de septiembre de 2012



ESCOGER EL MUERTO

Caminan sin reposo
en busca de alimentos,
en busca de paz,
en busca de sosiego
para sus mentes y cuerpos.

Nunca hallarán consuelo,
pues por un trozo de pan,
por el camino
muchos dejarán sus cuerpos.

Madres desconsoladas,
porque a sus hijos atrás han de dejar,
pues para que unos se salven,
a otros, a la muerte han de entregar.

Mi mente no concibe
la consternación de una madre
que tenga que escoger
entre qué hijo se salve
o cual ha de perecer.

Sus tragedias no interesan,
pues distraen nuestra  atención
con festejos y artificios
que al final
nos producen desazón.

Nos quejamos de la crisis,
nos quejamos sin razón,
pues si tan mal  estuviésemos
obraríamos con razón.

Hablemos de crisis,
hablemos de hambre,
critiquemos la sinrazón,
pero no olvidemos a estos seres
que amargamente se mueren
mientras despilfarramos sin sentido
los bienes que aún no hemos recogido.
Los campos entre maleza se mueren.
Los pueblos se pierden.



Las ciudades se ahogan.
Los males nos inundan,
y como solución ponemos
el vivir apilados
y que sean los impuestos,
de los que viven de un triste salario,
los que nos saquen
del mal trago.

Los políticos no cesan
de tirarse los trastos,
de pasearse por salones,
con banquetes y homenajes,
viajando en primera clase
en busca de soluciones,
a pesar de saber
que a acuerdos no llegarán,
porque todos quieren implantar
sus propia  razón.

Se gasta en juicios,
y al que delinque no castigan,
pues el dinero siempre se queda
en algún lugar soterrado.
 
Los banqueros no cesan de llorar
para que sus arcas
les volvamos a recargar,
y una vez conseguido
de nosotros se vuelven a olvidar.
Los potentes empresarios
se instalan en el Olimpo
mientras a sus trabajadores
les piden sacrificios.

Antes, teníamos “sin papeles”,
y ahora, también tenemos parados.
Cada día somos más sofisticados
poniendo nombres
a los desamparados.

Aun no siendo esto lo peor,
se mantienen soldados
en guerras fratricidas
que en los pueblos hacen estragos.



No se salvan vidas vejadas
donde no hay tesoros ocultos,
donde el hombre no vale nada,
porque sus tierras
no tienen buenos frutos,
y allí donde los hay
se les tiraniza
para  robar sus productos.

La paz se busca  a tiros,
pues las armas dan buenos beneficios.
Las vidas humanas
no valen nada,
porque para salvarlas
se necesita dinero
que no dará producto
a los afamados corruptos.

Mientras se despilfarra
en yates y autos,
hoteles y palacios,
joyas y ornamentos
que se lucen sin pudor,
de hambre se mueren
los que forzadamente
a sus hijos han dejado
por el camino enterrados
buscando salvar a otros 
que también sucumbirán a la muerte
tarde o temprano.
 
¡Viva el despilfarro!
¡Gastemos nuestro dinero
en fiestas y petardos
para que quede bien claro
que de impudor
estamos  muy sobrados!                                


 Luisa Lestón Celorio. 12- 11- 2011
   

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