sábado, 22 de septiembre de 2012



     COMO LAS OLAS                        
 
      Me siento como las olas,
pues a pesar de los golpes
que la vida me da
resurjo una y otra vez 
para volver a comenzar.
     
      Siento que la vida
      es algo muy especial,
      pues no hay viento favorable
      para el marino
      que no sabe a dónde va.
        
      De la vida he aprendido,
      que las palabras dichas,
      el tiempo no las vuelve atrás,
      y que el tiempo perdido
      no se puede recuperar.
        
       Deseo sentir la dicha
al lado de ti, mi amor,
olvidando las horas de tribulación
que embargan nuestro corazón.
        
      Los momentos de alegría
      me dan fuerzas para avanzar,
      por eso no camino delante
      ni tampoco detrás,
      avanzo a tu vera recorriendo
      el camino con esperanza
      hacia el destino que nos aguarda.
        
       Sé que el transcurrir de la travesía
se puede hacer muy pendiente.
Sé que es necesario darse una tregua
para el descanso y las fuerzas recuperar,
fuerzas que de reponer nos olvidamos
por estar demasiado ocupados
en vadear los escollos
que nos salen al encuentro
a pesar de nuestro querer.                                                             

       Pese a ello,
       espero con anhelo
       cada día oír tu voz,
mi bien amado,
contemplarme en tus ojos
fieles espejos de mi yo,
y sentirme entre tus brazos
escuchando el latir acelerado
de nuestros corazones
rebosantes de amor.
     
       En ocasiones me siento cansada
       por tanta lucha sin tregua,
       y meditando me digo:
       ¡cuánta insensatez!,
 siempre tan ocupados en los demás
 sin dejar un instante
 para podernos entregar
 a nuestras ilusiones
 que sin darnos cuenta
 las dejamos atrás.

¡Olvidemos a quienes
no merecen nuestros desvelos!
¡Vivamos los momentos que nos restan
que seguro serán muy bellos!.
Quiero un poco de sosiego
y de la vida gozar;
quiero un poco de calma
y darnos tiempo para soñar
haciendo  de nuestros sueños
una  dulce realidad.
      
      ¡Cuánto desatino! 
       Hacemos de nuestra existencia 
       un sin fin de problemas
       a los que dedicamos
       demasiado tiempo en resolver
       sin apreciar los hermosos momentos
       que nos pueden llenar de dichas
       para las penas olvidar.
      
      Vivamos la pasión,
      dejemos tiempo para amarnos,
      no  olvidemos que el amor
      es el timón de nuestras vidas,
      y  lo que un día nos unió.
   
      ¡Qué torpeza!
      En vez de aprovechar el momento
      lo dejamos para mañana.
      ¿Y si este no llegara?,
      entonces sería el final
      ya que del más allá
      nadie ha vuelto
      para volver a comenzar.

     Ahora  mi bien
     estamos a tiempo
     para con entusiasmo
     preparar un mejor final.
  
Medito sobre los sabios consejos
de personas muy doctas
       y los intento aplicar,
       por eso a pesar de los golpes
que la vida me da
como las olas resurjo una y otra vez
para volver a comenzar.
       Sé que el tiempo perdido en lamentos,
       perdido está, 
       y por mucho arrojo que empleemos
 nunca lo podremos recuperar.

    
         Luisa Lestón Celorio
 14 de mayo de 2010



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