Luce la niña
pendientes muy sabrosos.
Presume la pequeña
de zarcillos preciosos,
mientras a ser mocita juega
con tan sustanciosos adornos
que no hay orfebre
con manos tan delicadas
que puedan tallar tan finas alhajas.
No duró mucho
su preciada joya
pues de almíbar
se volvió su boquita
al gozar del delicado sabor
de cerezas tan sabrosas
que dejaron de ser
zarcillos colorados
para deleitar su paladar
con fruto tan delicado.
Autora: Luisa Lestón Celorio
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