domingo, 11 de marzo de 2012

LA AVELLANERA

Bajo luces de colores

al compás de la música fiestera

trasnochaba la anciana avellanera

para vender su rica mercancía

en las verbenas.


Ofrecía al buen mozo

un cucurucho de papel

donde se escondía

un dorado tesoro

que al paladar

llenaría de placer.


Para conquistar a su amada,

el muchacho con destreza

le ofrecía las ricas avellanas

mientras ella agradecida

una sonrisa le entregaba.


Los niños del brazo de su padre

se colgaban mientras insistían:

¡yo quiero avellanas!

La avellanera les regalaba

un cubilete de más,

y los pequeños muy contentos

se iban deseosos

de poderlas manducar.


Un paquetito de avellanas

compraba la muchacha

para obsequiar a su madre

que con tierno cariño la espera

sin por sus desvelos

nunca protestar.


¿Dónde están las avellaneras?

Se merecen un monumento

para que no caigan en el olvido

tan campechanas mujeres

que con sus cestos al brazo

placeres iban repartiendo


Autora: Luisa Lestón Celorio

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