Bajo luces de colores
al compás de la música fiestera
trasnochaba la anciana avellanera
para vender su rica mercancía
en las verbenas.
Ofrecía al buen mozo
un cucurucho de papel
donde se escondía
un dorado tesoro
que al paladar
llenaría de placer.
Para conquistar a su amada,
el muchacho con destreza
le ofrecía las ricas avellanas
mientras ella agradecida
una sonrisa le entregaba.
Los niños del brazo de su padre
se colgaban mientras insistían:
¡yo quiero avellanas!
La avellanera les regalaba
un cubilete de más,
y los pequeños muy contentos
se iban deseosos
de poderlas manducar.
Un paquetito de avellanas
compraba la muchacha
para obsequiar a su madre
que con tierno cariño la espera
sin por sus desvelos
nunca protestar.
¿Dónde están las avellaneras?
Se merecen un monumento
para que no caigan en el olvido
tan campechanas mujeres
que con sus cestos al brazo
placeres iban repartiendo
Registrado – REGALADO A LA RESPONSABLE DE LA PÁGINA
- A MI ME GUSTA LA COCINA Y A Ti?
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