martes, 14 de febrero de 2012

VIVIR CONFIADA.

Por momentos recupero la confianza,

mas ahí está al acecho la ingratitud,

la traición, la mentira

que de nuevo me obligan a refugiarme en el recelo

que poco me dura, a causa de mi carácter

crédulo en exceso.

La mudanza del bien al mal

es en mi vida contante

por no persistir en la constancia

de vivir en la prevención instalada.

La zozobra me angustia

al sentirme de nuevo engañada,

pero sé que de nuevo tornaré

a vivir confiada.

Es como una prisión

que encierra mi alma

el sentirme invadida

por la desconfianza;

por eso deseo vivir libre de pensamientos

que aturden mi mente con prevenciones

que del mal me amparan

aunque vuelva a caer en las garras

de los hipócritas que viven entre patrañas.

No quiero vivir constantemente

instalada en la desconfianza

pues sería como vivir

entre paredes enclaustrada.

Es la vida muy corta

para vivir entre temores

que anegan la voluntad

perdiendo energía para vivir

lo bello de la vida.

Me niego hacer mi existencia amarga.

Quiero hacer de mi vida

una dulce balsa

que navegue por los mares

de la esperanza;

esperanza en que la maldad

de nuevo no me abarca.

Y si alguien ha de vivir entre nebulosas

que a las tinieblas les arrastra

sean aquellos que de su maldad

hacen sus existencias nefastas.

Yo deseo vivir con mi espíritu en libertad,

aunque intenten con la maldad

de ella privar mi alma.


5, 1, 2012


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