martes, 14 de febrero de 2012

UN REQUIEN MAL LOGRADO

Desde tu nacimiento

tu personalidad te han quitado

porque si como otro nombre no hubiese

te han puesto el de su difunto hermano.

No has conocido infancia,

tu juventud te han robado

y en tu madurez sólo te han dejado.

¡Oh querido!,

en qué soledad has vivido,

en qué soledad has muerto,

en qué soledad te has ido;

y como despedida te han regalado

palabras frías sin amor ni mesura

ni calor de hermanos.

Esos fueron sus agradecimientos,

no reconoce que pese a tu infortunio

nunca sola a tu familia has dejado.

Nadie te ha reconocido

que por lejanos mares

has perdido tu niñez

para que no viviesen en precario.

No han sido agradecidos

por haberles liberado

del cuidado de aquel ser

que tanto has amado,

por darles de comer

cuando la familia

carecía de salario.

Pese a tus males

sin pedir nada a cambio

cuidaste con esmero

a quien un día

también te ha vejado.

Perdonaste sus desidias,

sus faltas de amor y egoísmos

dándoles a cambio

la nobleza de tu corazón

gravemente herido.

Como pago te obsequiaron

con un réquiem muy forzado,

con palabras sin ternura

para no perder

sus estrechas composturas.

Queriendo limpiar sus conciencias

de nuevo te han ultrajado

pero, ¡oh querido,

no lo han logrado!,

porque los que bien te quieren

de tu enfermedad sabían,

y son conocedores

que de niño no la padecías

y quienes sabían de tu triste vida

no aceptaron sus palabras

nada caritativas.

Ya descansas en tu merecido cielo,

ya el Señor te ha acogido

y desde ahora ya no tendrás fatigas

por sentirte abandonado.

Ya tus miedos se acabaron,

desde ahora te sentirás amado.

Así me quiero consolar

pensando que al fin justicia

se te ha hecho

siendo acogido por el Padre bueno.

Descansa de este mundo

que grato no te ha sido.

Descansa de la presencia

de los que sólo por egoísmo

te han acogido,

descansa de la presencia

de los que no te han querido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario