Desde tu nacimiento
tu personalidad te han quitado
porque si como otro nombre no hubiese
te han puesto el de su difunto hermano.
No has conocido infancia,
tu juventud te han robado
y en tu madurez sólo te han dejado.
¡Oh querido!,
en qué soledad has vivido,
en qué soledad has muerto,
en qué soledad te has ido;
y como despedida te han regalado
palabras frías sin amor ni mesura
ni calor de hermanos.
Esos fueron sus agradecimientos,
no reconoce que pese a tu infortunio
nunca sola a tu familia has dejado.
Nadie te ha reconocido
que por lejanos mares
has perdido tu niñez
para que no viviesen en precario.
No han sido agradecidos
por haberles liberado
del cuidado de aquel ser
que tanto has amado,
por darles de comer
cuando la familia
carecía de salario.
Pese a tus males
sin pedir nada a
cuidaste con esmero
a quien un día
también te ha vejado.
Perdonaste sus desidias,
sus faltas de amor y egoísmos
dándoles a cambio
la nobleza de tu corazón
gravemente herido.
Como pago te obsequiaron
con un réquiem muy forzado,
con palabras sin ternura
para no perder
sus estrechas composturas.
Queriendo limpiar sus conciencias
de nuevo te han ultrajado
pero, ¡oh querido,
no lo han logrado!,
porque los que bien te quieren
de tu enfermedad sabían,
y son conocedores
que de niño no la padecías
y quienes sabían de tu triste vida
no aceptaron sus
nada caritativas.
Ya descansas en tu merecido cielo,
ya el Señor te ha
y desde ahora ya no tendrás fatigas
por sentirte abandonado.
Ya tus miedos se acabaron,
desde ahora te sentirás amado.
Así me quiero consolar
pensando que al fin justicia
se te ha hecho
siendo acogido por el Padre bueno.
Descansa de este mundo
que grato no te ha sido.
Descansa de la presencia
de los que sólo por
te han acogido,
descansa de la presencia
de los que no te han querido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario