REFLEXIÓN PARA SEMANA SANTA
¡Mirad!, mirad su
rostro doliente,
su mirada que implora
clemencia,
no para Él, sino
para todos sus hermanos
que le
seguimos cada día traicionado.
¡Padre,
perdónales que no saben lo que hacen!
clamó al Altísimo,
en el momento de su inmolación,
pues bien sabía que su calvario no terminaría
aquel aciago día
que intentaron
poner fin a su vida con cruel
crucifixión.
Miradle con que
ternura nos acoge
pese que a cada instante le coronamos con tiara de
espinas.
Pese que cada día
le crucificamos en madero tallado en el dolor ajeno.
Pese que a cada momento
ungimos sus labios con la hiel de
nuestra maldad.
Pese que a cada
instante le clavamos nuestras lanzas cargadas
de crueldad
en su costado sin
ninguna piedad.
¿Dónde está
nuestra misericordia con el prójimo?
¿Dónde está
nuestro amor al hermano?
¿Dónde están
nuestras promesas de buen cristiano?
Damos por hecho que colgando del cuello una dorada cruz
Y repartiendo
limosnas ya somos dignos de gana el cielo.
Que rezando cada día plegarias
para que nos ayude en nuestro caminar,
ya somos buenos
cristianos
Y ya podemos con el dedo a otros señalar.
¡Mirémonos,
reconozcamos nuestro impudor!
pues mientras le rogamos que no nos
abandone
en nuestras tribulaciones
le seguimos crucificando sin piedad.
Luisa Lestón
Celorio
Marzo del 2013


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