sábado, 22 de septiembre de 2012



CISNE CARROÑERO


Avanzabas  entre la multitud
como cisne que se desliza por el azul lago,
esbelto, armonioso, elegante,
con porte de perfecto caballero.

Seguías adelante
como cisne que es contemplado
a sabiendas de que eras admirado.

Tan prendada de tus hechuras me quedé
que caminé en tu busca  
para hacerme presente a tu lado,
y tus ojos y los míos
al fin se encontraron.

¡Qué galante y cortés te mostraste!,
¡Cuán hermoso yo te veía!
¡Cuánta impaciencia por hablarte yo tenía!
¡Cuánta sabiduría en ti yo imaginaba! 

Nuestras copas  de cava burbujeante alzamos
brindando por nuestro encuentro
y las agradables horas que juntos disfrutamos.

Aún recuerdo cómo al atardecer,  
tras la puesta de Sol,
por la alameda caminamos.
  
El silencio se había hecho.
Ni tú ni yo palabra alguna pronunciamos,
pues era tal la belleza que del cielo nos llegaba
que me sentía deslumbrada
por el radiante colorido
que el dorado astro nos regalaba.

La puesta del Sol se despedía a tus espaldas
mientras yo te imaginaba
en carro de fuego atravesando las montañas
para rescatarme de no sé qué garras.

 Tú te ocupaste de despertarme
de ensoñación tan magna,
y no lo has hecho, no,
con la dulzura esperada,
ya que impetuosamente
me arrebataste un beso
que yo aún no deseaba,
y con dolor de corazón
con reproches te recriminaba.

Ya no eres ese cisne
de elegante compostura
que suavemente se desliza
por las mansas aguas.

Has descubierto la fealdad
que escondías en tus entrañas
y ahora te veo como un vil carroñero 
de engañoso copete,
que un simple aire
de tu falsa compostura lo desgaja.                                                                              

 Luisa Lestón Celorio 2011 



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