CISNE
CARROÑERO
Avanzabas entre la multitud
como
cisne que se desliza por el azul lago,
esbelto,
armonioso, elegante,
con
porte de perfecto caballero.
Seguías
adelante
como
cisne que es contemplado
a
sabiendas de que eras admirado.
Tan
prendada de tus hechuras me quedé
que
caminé en tu busca
para
hacerme presente a tu lado,
y
tus ojos y los míos
al
fin se encontraron.
¡Qué
galante y cortés te mostraste!,
¡Cuán
hermoso yo te veía!
¡Cuánta
impaciencia por hablarte yo tenía!
¡Cuánta
sabiduría en ti yo imaginaba!
Nuestras
copas de cava burbujeante alzamos
brindando
por nuestro encuentro
y
las agradables horas que juntos disfrutamos.
Aún
recuerdo cómo al atardecer,
tras
la puesta de Sol,
por
la alameda caminamos.
El
silencio se había hecho.
Ni
tú ni yo palabra alguna pronunciamos,
pues
era tal la belleza que del cielo nos llegaba
que
me sentía deslumbrada
por
el radiante colorido
que
el dorado astro nos regalaba.
La
puesta del Sol se despedía a tus espaldas
mientras
yo te imaginaba
en
carro de fuego atravesando las montañas
para
rescatarme de no sé qué garras.
Tú
te ocupaste de despertarme
de
ensoñación tan magna,
y
no lo has hecho, no,
con
la dulzura esperada,
ya
que impetuosamente
me
arrebataste un beso
que
yo aún no deseaba,
y
con dolor de corazón
con
reproches te recriminaba.
Ya
no eres ese cisne
de
elegante compostura
que
suavemente se desliza
por
las mansas aguas.
Has
descubierto la fealdad
que
escondías en tus entrañas
y
ahora te veo como un vil carroñero
de
engañoso copete,
que
un simple aire
de
tu falsa compostura lo desgaja.
Luisa Lestón Celorio 2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario