Luce la niña
pendientes muy sabrosos.
Presume la pequeña
de zarcillos preciosos ,
mientras a ser mocita juega
con tan sustanciososadornos
que no hay orfebre
con manos tan delicadas
que puedan tallar tanfina alhaja.
No duró mucho
su preciada joya
pues de almíbar
su boquita se volvió
al gozar del delicadosabor
de cerezas tan sabrosas
que dejaron de ser
zarcillos colorados
para deleitar su paladar
con fruto tan delicado.
Luisa Lestón Celorio
6 de junio de 2011
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